Mariquita la Minguela, la morenita de Bentomiz, con lo que a mí me gustaba y ella pasaba de mí.
Pronto se enamoró de un modesto panadero, alto, buen mozo moreno y pintuero.
Al poco tiempo de noviazgo a la Argentina emigró, en compañía de la familia, buscando una vida mejor.
A Minguela, para su hija no le gustaba y le daba buenos consejos, ella no los tomó.
Se casaron por poderes y a la Argentina marchó, en busca de su media naranja para unirse los dos.
La naranja salió agria, amarga y de mal comer, pues él bebía y más bebía, mientras ella trabajaba, lloraba y sufría.
Alguna vez que otra un tornicón recibió, pero ella lo quería tanto que siempre lo perdonó.
Fruto del matrimonio nació su primer hijo, enviando una foto acá para que lo vieran sus tíos y los abuelos maternal.
La abuela con la foto entre sus manos lo besaba y más besos, pero el abuelo la cara volvió y mirando Trinidad a su marido, estás palabras le habló:
Antonio qué duro eres, tú no tienes corazón, dale un beso a nuestro nieto e hija, que te va a castigar Dios.
Si me castiga que me castigue, yo no los voy a querer y aquí termina la historia de este padre y abuelo, vengativo y cruel.


